Diana había adquirido el irreflexivo y placentero hábito de comprarse un tanga nuevo el último viernes de cada mes. Solía ir a woman secret y allí, con o sin criterio, cogía uno de los que hay en la percha de probadores, uno de esos que alguien deposita por ahí con previa pero fracasada intención de compra.
Lisos, rojos, negros, más anchos, con puntilla, de licra, de algodón, de lunares, estampados... Le daba prácticamente igual. Demasiados tangas en su cajón y una dilatada tradición habían hecho que apenas supiese cuáles le gustaban más que otros; incluso a veces pensaba que mejor así, mejor saciar ese impulso mensual de fashionvictivismo sin demasiado juicio...
Eran las seis de la tarde y Diana había salido ya de trabajar. Era viernes 27 y había que comprar... Se fue al centro y entró en el establecimiento recorriendo la tienda, como siempre, pasito a pasito. Pero aquel vigesimoséptimo día, estando en uno de los rincones de la tienda, de repente notó cómo una mano rolliza y pequeña agarraba la suya. Se giró y vio a un niño de unos dos años y medio alzando la vista con rostro melancólico y ojos vidriosos. Un niño bien vestido (incluso con un toque de colonia de Nenuco colocado a última hora en su flequillito), un niño que, moviendo el labio inferior delatando sus inminentes ganas de llorar, tragó saliva y susurró con lengua de trapo: Mi mamá me ha dicho que tú me cuidarás y que contigo seré más feliz.
Lisos, rojos, negros, más anchos, con puntilla, de licra, de algodón, de lunares, estampados... Le daba prácticamente igual. Demasiados tangas en su cajón y una dilatada tradición habían hecho que apenas supiese cuáles le gustaban más que otros; incluso a veces pensaba que mejor así, mejor saciar ese impulso mensual de fashionvictivismo sin demasiado juicio...
Eran las seis de la tarde y Diana había salido ya de trabajar. Era viernes 27 y había que comprar... Se fue al centro y entró en el establecimiento recorriendo la tienda, como siempre, pasito a pasito. Pero aquel vigesimoséptimo día, estando en uno de los rincones de la tienda, de repente notó cómo una mano rolliza y pequeña agarraba la suya. Se giró y vio a un niño de unos dos años y medio alzando la vista con rostro melancólico y ojos vidriosos. Un niño bien vestido (incluso con un toque de colonia de Nenuco colocado a última hora en su flequillito), un niño que, moviendo el labio inferior delatando sus inminentes ganas de llorar, tragó saliva y susurró con lengua de trapo: Mi mamá me ha dicho que tú me cuidarás y que contigo seré más feliz.
El vídrio acartonado de los ojos del pequeño se mudaron, como por arte de magia, a la córnea de Diana. Se agachó a su misma altura y le preguntó que quién era su madre, que dónde estaba su padre y sobre todo, que cómo se llamaba. De todas esas preguntas el niño sólo acertó a balbucear un entrecortado Rooooberrrrto...
(CONTINUARÁ)


27 comentarios:
De momento, no puedo opinar nada mas que me gusta y que los tangas me parecen muy incomodos...jajajaja
Besos y salud
tangas... huy creo k yo tengo esa mala costumbre pero yo soy cada k entro a unatienda departamental .... que va a pasar con roberto?
Por favor sigue, que me he quedado con ganas de saber qué ocurre! ¿Será Roberto un vendedor de tangas encubierto bajo la apariencia de un tierno infante?
Bromas aparte, me gusta el relato!
Quién abandonaría a un niño en una tienda de tangas? Qué cruel... o eso, o el nene es muy listo...
Ana,...que una es madre,...que me pones el corazón en un ay!...por favor,que le veo la carita al nene,con sus ganitas de llorar,...que,...mira,yo odio los tangas,pero el nene,me lo traigo para casa!
Besos!
Le cuidará Diana....será feliz Roberto!?
No lo pierda...
Continuará.
Ya estoy con esa curiosidad de los gatos jajaja
Besos!
Pero pobre chica,que mala suerte...cómo sigue la historia?
Besitos,linda.
Vaya, qué intriga mujer! De momento me gusta como has empezado el relato, hay un par de frases brutales...
Vaya, de vuelta a las letras y mas encima nos dejas en suspenso.
Mmmh un nene perdido en una tienda que fatal, pues lo primero que hago es buscar al guardia, jeje
besazos Anna
Solo una cosa: Quiero el continue ya!
me gusta!
muakkk
aaah dolio, el mundo es tan perverso que en lo cotidiano en mas minimo cotidiano, se ecneuntras tantas sorpresas. genial!!!
Saludos! :)
la verdad ir a por un tanga y salir con un Roberto bajo el brazo a mi me parece una putada, una putada muy bonita, pero una putata a fin de cuentas!!!
Hay coño Ana, no me hagas esto!! que cuando uno es padre, se le encoge el corazón leyendo estas historias ;(
Besos preocupados
la verdad es que lo de predecir el final del cuento nos lo pones un poco difícil...
continuaremos...
creo que algo parecido, pero con unas bragas salió en algún programa de alguna tele...
sigue!
Pero que bueno Ana!! No conocia esta faceta tuya!
Estoy deseando que llegué la próxima entrega....me ha atrapado este final y quiero más :-)
Un abrazo y mil sonrisas
X
Sí, acá en Argentina "tanga" es fememino, asi que iria por una tanga, pero coincido con genin, de que son muy incómodas y sólo me parecen propicias para el disfrute ajeno a costa de la incomodidad propia, en fin, nada que me convence a ir al mercado por ella, así evito encontrarme con un Robertito llorón, jaja.
Genial, con tanta gente que desea adopatar niños, y justo alguien que se compra tangas, sin siquiera elegirlas, lo consigue!!! Je je je.
Buen escrito, mis saludos
Aiva! Vaya, vaya, qué intríngulis y qué miedito! Cuando salga de compras estaré pendiente de que ningún niño quiera venirse a casa conmigo, jejeje. Espero ansiosa la continuación ;).
Me gustan esto !!!!! tus fotos
qué historia tan prometedora! :)
si en el fondo el mundo es un pañuelo y nosotros los moquitos! jajaja pues he visto que en tu flickr no se puede dejar cometarios (lo has deshabilitado?) te agregaré a mi parrilla de links en mi blog, ok?
un beso!
esto es mejor que el peliculón de la semana XD
va que sigaaa que nos tienes en ascuas.
precioso blog!
Que peazo de artista eres, cuando alcances la merecida fama nos acordaremos de estos tiempos!!
besitos
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